jueves, 22 de enero de 2009

¿Ha muerto el liberalismo económico?

El liberalismo económico lo identifico con la libertad de las personas.
Siempre hablamos de libertad, como algo irrenunciable y básico, algo por lo que vale la pena manifestarse, luchar o incluso morir.



Cuando hablamos de 'libertades personales', sabemos de qué estamos hablando, y de qué no. Por ejemplo, si yo voy por la calle, y como soy libre, le pego un puñetazo a otra persona, todos tenemos claro que este hecho no coincide con el término 'libertad', porque como todos sabemos y es una frase muy repetida, 'la libertad del individuo termina donde empieza la del otro', por lo que a esta forma de actuar podemos definirla como libertinaje.



Con los medios de comunicación parece que ya no está todo tan claro, o por lo menos parece que a 'alguien' no le interesa dejarlo tan claro, porque al igual que con las libertades individuales, las de comunicación o prensa funcionan, o deberían funcionar de la misma manera, es decir, yo periodista recabo información sobre un asunto (sobre una persona, el tema es más delicado) y lo hago público, comentando además la noticia como estime conveniente y según mi criterio personal, porque existe libertad de expresión.

Ahora, no es libertad de expresión, difamar, lanzar injurias, insultar a otra persona amparándonos en que como somos libres, tenemos derecho a decir lo que nos venga en gana, porque entonces nos encontraríamos exactamente con el caso anterior (o es que insultar a una persona, no es ni más ni menos que abofetearla en su prestigio), por lo que creo que no sería muy desafortunado decir, que este sería un caso de 'libertinaje en la expresión'.



Parece una contradicción, pero hasta la libertad tiene frontera.



Por todo lo expuesto, parece lógico, que exista un 'alguien', llamémosle Administración o Sistema judicial, que en base a unas normas establecidas y aprobadas por los 'ciudadanos libres', se estipule un marco de actuación, para que a todos nos quede claro, que es estar dentro y qué es estar fuera de, llamémosle, 'legalidad' al estar dentro, e 'ilegalidad o ilegal' al que se sale de los límites de actuación marcados por estos 'ciudadanos libres', cuyo conjunto lo podemos denominar por ejemplo 'sociedad'.



Pues bien, a riesgo de parecer filósofo, más que otra cosa, en la economía pasa exactamente lo mismo. El hecho de querer que exista 'libertad económica', no quiere decir que lo que queremos exactamente es que la mano de la libertad de Adam Smith sobrevuele nuestras casas de la economía, haciendo justicia a unos y 'abofeteando libremente' a otros.



La libertad económica sirve precisamente para que todos tengamos la potestad de actuar de una manera libre (que no libertina) y poder hacer y deshacer a nuestro antojo, siempre que actuemos en el marco de esa 'legalidad' aprobada por el conjunto de la 'sociedad'.

Lo que ha ocurrido en esta crisis, es que determinados grupos económicos, aprovechando que nadie miraba, o que nadie quería mirar, han cruzado esa frontera de 'legalidad' aprovechándose 'económicamente' del resto de 'las economías de los ciudadanos'.
Es decir mientras la Administración, que es la que se encarga de 'vigilar' que nadie cruce esa 'línea', velando por tanto, por las libertades de sus ciudadanos, ha mirado hacia otro lado y ha permitido que se abofetee económicamente al resto de la sociedad de una manera sistemática y amparándose en la 'libertad en la economía'.

Yo desde aquí, por todo lo anteriormente dicho, sigo defendiendo la 'libertad en la economía', a pesar que parece que todos los que siempre la hemos defendido tengan que meter ahora la cabeza bajo tierra, y lo hago precisamente porque creo que ésta es la mejor manera de asegurar que los pequeños puedan tener oportunidades en esta sociedad, porque creo que sólo así, cada uno puede ser libre para decidir qué quiere o qué no quiere hacer, porque creo, que las normas sociales deben respetar también las individuales y sobretodo porque me niego a creer en un Estado que piense por todos nosotros, y nos obligue a actuar según 'las Normas del Administrador' de turno que nos toque.